I cani romantici (IV)

Roberto Bolano

Roberto Bolaño

LLUVIA

Llueve y tú dices es como si las nubes
lloraran
. Luego te cubres la boca y apresuras
el paso. ¿Como si esas nubes escuálidas lloraran?
Imposible. Pero entonces, ¿de dónde esa rabia,
esa desesperación que nos ha de llevar a todos al diablo?
La naturaleza oculta algunos de sus procedimientos
en el Misterio, su hermanastro. Así esta tarde
que consideras similar a una tarde del fin del mundo
más pronto de lo que crees te parecerá tan sólo
una tarde melancólica, una tarde de soledad perdida
en la memoria: el espejo de la Naturaleza. O bien
la olvidarás. Ni la lluvia, ni el llanto, ni tus pasos
que resuenan en el camino del acantilado importan.
Ahora puedes llorar y dejar que tu imagen se diluya
en los parabrisas de los coches estacionados a lo largo
del Paseo Marítimo. Pero no puedes perderte.

PIOGGIA

Piove e tu dici è come se le nuvole
piangessero
. Poi ti copri la bocca e affretti
il passo. Come se queste squallide nuvole piangessero?
Impossibile. Ma allora, da dove questa rabbia,
questa disperazione che ci condurrà tutti al diavolo?
La natura nasconde alcuni suoi disegni
nel Mistero, il suo fratellastro. Così questa sera
che consideri simile a una sera da fine del mondo
molto prima di quanto credi ti sembrerà soltanto
una sera malinconica, una sera di solitudine persa
nella memoria: lo specchio della Natura. Oppure
la dimenticherai. Né la pioggia, né il pianto, né i tuoi passi
che risuonano lungo la scogliera hanno importanza.
Ora puoi piangere e lasciare che la tua immagine svanisca
nei parabrezza delle auto ferme
sul lungomare. Però non puoi perderti.

*

LA SUERTE

Él venía de una semana de trabajo en el campo
en casa de un hijo de puta y era diciembre o enero,
no lo recuerdo, pero hacía frío y al llegar a Barcelona la nieve
comenzó a caer y él tomó el metro y llegó hasta la esquina
de la casa de su amiga y la llamó por teléfono para que
bajara y viera la nieve. Una noche hermosa, sin duda,
y su amiga lo invitó a tomar café y luego hicieron el amor
y conversaron y mucho después él se quedó dormido y soñó
que llegaba a una casa en el campo y caía la nieve
detrás de la casa, detrás de las montañas, caía la nieve
y él se encontraba atrapado en el valle y llamaba por teléfono
a su amiga y la voz fría (¡fría pero amable!) le decía
que de ese hoyo inmaculado no salía ni el mas valiente
a menos que tuviera mucha suerte.

LA FORTUNA

Veniva da una settimana di lavoro in campagna
a casa di un figlio di puttana ed era dicembre o gennaio,
non ricordo; però faceva freddo e al suo arrivo a Barcellona
cominciò a nevicare; prese il metrò e giunse fino all’angolo
della casa della sua amica e la chiamò al telefono affinché
scendesse a vedere la neve. Una splendida notte, indubbiamente;
la sua amica lo invitò a prendere un caffè e poi fecero l’amore
e si misero a conversare; molto più tardi si addormentò e sognò
che arrivava in una casa in campagna e cadeva la neve
dietro la casa, dietro le montagne, cadeva la neve
ed egli si trovava intrappolato nella valle; telefonava
alla sua amica e una voce fredda (fredda ma gentile!) gli diceva
che da quel buco immacolato non usciva nemmeno il più coraggioso
a meno che non avesse tanta fortuna.

*

RAYOS X

Si miramos con rayos X la casa del paciente
veremos los fantasmas de los libros en estanterías silenciosas
o apilados en el pasillo o sobre veladores y mesas.
También veremos una libreta con dibujos, líneas y flechas
que divergen y se intersecan: son los viajes en compañía
de la muerte. Pero la muerte, pese al soberbio aide- mémoire,
aun no a triunfado. Los rayos X nos dicen que el tiempo
se ensancha y adelgaza como la cola de un cometa
en el interior de la casa. La vida aún da los mejores
frutos. Y así como el mar prometió a Jaufré Rudel
la visión del amor, esta casa cercana al mar promete
a su habitante el sueño de la torre destruida y construida.
Si miramos, no obstante, con rayos X el interior del hombre
veremos huesos y sombras: fantasmas de fiestas
y paisajes en movimiento como contemplados desde un avión
en barrena. Veremos los ojos que él vio, los labios
que sus dedos rozaron, un cuerpo surgido
de un temporal de nieve. Y veremos el cuerpo desnudo
tal como él lo vio, y los ojos y los labios que rozó,
y sabremos que no hay remedio.

RAGGI X

Se osserviamo ai raggi X la casa del paziente
vedremo i fantasmi dei libri sugli scaffali silenziosi
o accatastati nel corridoio o su comodini e tavoli.
Vedremo anche un taccuino con disegni, linee e frecce
che divergono e si intersecano: sono i viaggi in compagnia
della morte. Ma la morte, nonostante il superbo memorandum,
non ha ancora trionfato. I raggi X ci dicono che il tempo
si espande e si restringe come la coda di una cometa
all’interno della casa. La vita continua a dare i migliori
frutti. E così come il mare promise a Jaufré Rudel
la visione dell’amata, questa casa vicina al mare promette
al suo abitante il sogno della torre distrutta e ricostruita.
Tuttavia, se guardiamo ai raggi X l’interno dell’uomo
vedremo ossa ed ombre: fantasmi di feste
e paesaggi in movimento come contemplati da un aereo
che sta precipitando. Vedremo gli occhi che egli vide, le labbra
che le sue dita sfiorarono, un corpo emerso
da una tempesta di neve. Vedremo il corpo nudo
così come egli lo vide, e gli occhi e le labbra che sfiorò,
e sapremo che non c’è scampo.

*

EL ÚLTIMO CANTO DE AMOR
DE PEDRO J. LASTARRIA, ALIAS «EL CHORITO»

Sudamericano en tierra de godos,
este es mi canto de despedida
ahora que los hospitales sobrevuelan
los desayunos y las horas del té
con una insistencia que no puedo
sino remitir a la muerte.
Se acabaron los crepúsculos
largamente estudiados, se acabaron
los juegos graciosos que no conducen
a ninguna parte. Sudamericano
en tierra más hostil
que hospitalaria, me preparo
para entrar en el largo
pasillo incógnito
donde dicen que florecen
las oportunidades perdidas.
Mi vida fue una sucesión
de oportunidades perdidas,
lector de Catulo en latín
apenas tuve valor para pronunciar
Sine qua non o Ad hoc
en la hora más amarga
de mi vida. Sudamericano
en hospitales de godos, ¿qué hacer
sino recordar las cosas amables
que una vez me acaecieron?
viajes infantiles, la elegancia
de padres y abuelos, la generosidad
de mi juventud perdida y con ella
la juventud perdida de tantos
compatriotas
son ahora el bálsamo de mi dolor
son ahora el chiste incruento
desencadenado en estas soledades
que los godos no entienden
o que entienden de otra manera.
También yo fui elegante y generoso:
Supe apreciar las tempestades,
los gemidos del amor en las barracas
y el llanto de las viudas,
pero la experiencia es una estafa.
En el hospital sólo me acompañan
mi inmadurez premeditada
y los resplandores vistos en otro planeta
o en otra vida.
La cabalgata de los monstruos
en donde «El Chorito»
tiene un papel destacado.
Sudamericano en tierra de
nadie, me preparo
para entrar en el lago
inmóvil, como mi ojo,
donde se refractan las aventuras
de Pedro Javier Lastarria
desde el rayo incidente
hasta el ángulo de incidencia,
desde el seno del ángulo
de refracción
hasta la constante llamada
índice de refracción.
En plata: las malas cosas
convertidas en buenas,
en apariciones gloriosas
las metidas de pata,
la memoria del fracaso
convertida en la memoria
del valor. Un sueño,
tal vez, pero
un sueño que he ganado
a pulso.
Que nadie siga mi ejemplo
pero que sepan
que son los músculos de Lastarrla
los que abren este camino.
Es el córtex de Lastarria,
el entrechocar de dientes
de Lastarria, el que ilumina
esta noche negra del alma,
reducida, para mi disfrute
y reflexión, a este rincón
de habitación en sombras,
como piedra afiebrada,
como desierto detenido
en mi palabra.
Sudamericano en tierra
de sombras,
yo que siempre fui
un caballero,
me preparo para asistir
a mi propio vuelo de despedida.

L’ULTIMO CANTO D’AMORE
di Pedro J. Lastarria, alias “El Chorito”

Sudamericano in terra di goti,
questo è il mio canto d’addio
ora che gli ospedali tralasciano
le colazioni e le ore del tè
con un’insistenza che non posso
che attribuire alla morte.
Svaniti i crepuscoli
lungamente studiati, finiti
i giochi dilettevoli che non portano
da nessuna parte. Sudamericano
in una terra più ostile
che ospitale, mi preparo
ad entrare nel vasto
corridoio sconosciuto
dove dicono fioriscano
le opportunità sprecate.
La mia vita fu una successione
di opportunità perse,
lettore di Catullo in latino
a malapena ebbi il coraggio di pronunciare
Sine qua non o Ad hoc
nell’ora più amara
della mia esistenza. Sudamericano
negli ospedali dei goti, che fare
se non ricordare le cose belle
che una volta mi accaddero?
I viaggi infantili, l’eleganza
di genitori e nonni, la generosità
della mia giovinezza perduta e con essa
la giovinezza perduta di tanti
compatrioti
sono adesso il balsamo del mio dolore,
sono adesso la favola incruenta
liberata in queste solitudini
che i goti non capiscono
o che capiscono in un altro modo.
Io fui oltremodo elegante e generoso:
seppi apprezzare le tempeste,
i gemiti dell’amore nelle baracche
e il pianto delle vedove,
ma l’esperienza rimane una beffa.
Nell’ospedale mi fanno compagnia
solo la mia immaturità premeditata
e i bagliori visti in un altro pianeta
o in un’altra vita.
Una cavalcata di mostri
dove “El Chorito”
ha un ruolo da protagonista.
Sudamericano nella terra di
nessuno, mi preparo
ad entrare nel lago
immobile, come il mio occhio,
dove si rifrangono le avventure
di Pedro Javier Lastarria
dal raggio incidente
fino all’angolo di incidenza,
dal seno dell’angolo
di rifrazione
fino alla costante chiamata
indice di rifrazione.
In parole povere: le cose brutte
trasformate in belle,
in apparizioni gloriose
le figure imbarazzanti,
la memoria della sconfitta
trasformata in memoria
del coraggio. Un sogno
forse, però
un sogno che ho conquistato
da solo.
Che nessuno segua il mio esempio
ma si sappia
che sono i muscoli di Lastarria
quelli che aprono questo cammino.
E’ la corteccia di Lastarria,
il battere di denti
di Lastarria, ciò che illumina
questa notte nera dell’anima,
ridotta, per mia gioia
e riflessione, a questo angolo
di stanza in ombra,
come una pietra febbrile,
come un deserto trattenuto
nella mia voce.
Sudamericano nella terra
delle ombre,
io che sempre fui
un cavaliere,
mi preparo ad assistere
al mio stesso volo d’addio.

*

MI VIDA EN LOS TUBOS DE SUPERVIVENCIA

Como era pigmeo y amarillo y de facciones agradables
y como era listo y no estaba dispuesto a ser torturado
en un campo de trabajo o en una celda acolchada
me metieron en el interior de este platillo volante
y me dijeron vuela y encuentra tu destino. ¿Pero qué
destino iba a encontrar? La maldita nave parecía
el holandés errante por los cielos del mundo, como si
huir quisiera de mi minusvalía, de mi singular
esqueleto: un escupitajo en la cara de la Religión,
un hachazo de seda en la espalda de la Felicidad,
sustento de la Moral y de la Ética, la escapada hacia adelante
de mis hermanos verdugos y de mis hermanos desconocidos.
Todos finalmente humanos y curiosos, todos huérfanos y
jugadores ciegos en el borde del abismo. Pero todo eso
en el platillo volador no podía sino serme indiferente.
O lejano. O secundario. La mayor virtud de mi traidora especie
es el valor, tal vez la única real, palpable hasta las lágrimas
y los adioses. Y valor era lo que yo demandaba encerrado en
el platillo, asombrando a los labradores y a los borrachos
tirados en las acequias. Valor invocaba mientras la maldita nave
rielaba por guetos y parques que para un paseante
serían enormes, pero que para mí sólo eran tatuajes sin sentido,
palabras magnéticas e indescifrables, apenas un gesto
insinuado bajo el manto de nutrias del planeta.
¿Es que me había convertido en Stefan Zweig y veía avanzar
a mi suicida? Respecto a esto la frialdad de la nave
era incontrovertible, sin embargo a veces soñaba
con un país cálido, una terraza y un amor fiel y desesperado.
Las lágrimas que luego derramaba permanecían en la superficie
del platillo durante días, testimonio no de mi dolor, sino de
una suerte de poesía exaltada que cada vez más a menudo
apretaba mi pecho, mis sienes y caderas. Una terraza,
un país cálido y un amor de grandes ojos fieles
avanzando lentamente a través del sueño, mientras la nave
dejaba estelas de fuego en la ignorancia de mis hermanos
y en su inocencia. Y una bola de luz éramos el platillo y yo
en las retinas de los pobres campesinos, una imagen perecedera
que no diría jamás lo suficiente acerca de mi anhelo
ni del misterio que era el principio y el final
de aquel incomprensible artefacto. Así hasta la
conclusión de mis días, sometido al arbitrio de los vientos,
soñando a veces que el platillo se estrellaba en una serranía
de América y mi cadáver casi sin mácula surgía
para ofrecerse al ojo de viejos montañeses e historiadores:
Un huevo en un nido de hierros retorcidos. Soñando
que el platillo y yo habíamos concluido la danza peripatética,
nuestra pobre crítica de la Realidad, en una colisión indolora
y anónima en alguno de los desiertos del planeta. Muerte
que no me traía el descanso, pues tras corromperse mi carne
aún seguía soñando.

LA MIA VITA NEI TUBI DELLA SOPRAVVIVENZA

Poiché ero un pigmeo, giallo e di gradevole aspetto
e poiché ero accorto e per niente propenso a farmi torturare
in un luogo di lavoro o in una cella ovattata,
mi misero all’interno di questo disco volante
e mi dissero vola e va incontro al tuo destino. Ma quale
destino avrei incontrato? La maledetta navicella sembrava
l’olandese errante per i cieli del mondo, come se
volessi evadere dalla mia minorazione, dal mio scheletro
particolare: uno sputo in faccia alla Religione,
una pugnalata di seta nella schiena della Felicità,
nutrimento della Morale e dell’Etica, la fuga lontano
dai miei fratelli aguzzini e dai miei fratelli sconosciuti.
Tutti esseri umani, alla fine, e desiderosi di sapere, tutti orfani
e giocatori ciechi sull’orlo dell’abisso. Però tutto questo
dentro il disco volante non poteva che apparirmi indifferente.
Una cosa distante, o di scarsa importanza. La virtù più grande
della mia specie traditrice]
è il coraggio, forse l’unica vera, evidente fino alle lacrime
e agli addii. E coraggio era ciò di cui avevo bisogno chiuso
nel disco, che lasciava stupefatti gli agricoltori e gli ubriachi
finiti nei canali. Coraggio invocavo, mentre la maledetta navicella
brillava tremula sopra quartieri e parchi che per un passeggiatore
sarebbero enormi, ma che per me erano solo tatuaggi senza senso,
parole magnetiche e indecifrabili, appena un gesto
insinuato sotto il mantello di lontra del pianeta.
Mi ero forse trasformato in Stefan Zweig e vedevo avvicinarsi
il mio suicidio? Riguardo al quale, la freddezza della navicella
era un segno inconfutabile, eppure a volte sognavo
un paese caldo, un terrazzo e un amore fedele e senza speranza.
Le lacrime che poi spargevo rimanevano sulla superficie
del disco per giorni, testimonianza non del mio dolore, ma di
una sorta di poesia esaltata che, ogni volta, sempre più spesso
mi serrava il petto, le tempie e i fianchi. Un terrazzo,
un paese caldo e un amore dai grandi occhi fedeli
che avanzava lentamente attraverso il sogno, mentre la navicella
lasciava tracce di fuoco nell’ignoranza dei miei fratelli
e nella sua innocenza. E un globo luminoso eravamo il disco ed io
sulla retina dei poveri contadini, un’immagine vanescente
che non avrebbe detto mai abbastanza del mio desiderio
né del mistero che era l’origine e lo scopo
di quell’incomprensibile congegno. Così fino al termine
dei miei giorni, sottomesso all’arbitrio dei venti,
sognando a volte che il disco si schiantasse in una zona montuosa
dell’America e che il mio cadavere quasi senza macchia si levasse
per offrirsi all’occhio di vecchi montanari e storici:
un uovo in un nido di metallo contorto. Sognando
che la navicella ed io concludessimo la danza peripatetica,
la nostra misera critica della Realtà, in una collisione indolore
e anonima in qualcuno dei deserti del pianeta. Morte
che non mi portava il riposo, perché dopo che si era corrotta
la mia carne continuava ancora a sognare.

*

LAS ENFERMERAS

Una estela de enfermeras emprenden el regreso a casa. Protegido
por mis polaroid las observo ir y volver.
Ellas están protegidas por el crepúsculo.
Una estela de enfermeras y una estela de alacranes.
Van y vienen.
¿A las siete de la tarde? ¿A las ocho
de la tarde?
A veces alguna levanta la mano y me saluda. Luego alcanza
su coche, sin volverse, y desaparece
protegida por el crepúsculo corno yo por mis polaroid.
Entre ambas indefensiones está el jarrón de Poe.
El florero sin fondo que contiene todos los crepúsculos,
todos los lentes negros, todos
los hospitales.

LE INFERMIERE

Infermiere a frotte prendono la strada di casa. Protetto
dai miei occhiali neri le osservo andare e ritornare.
Loro sono protette dal crepuscolo.
Una scia di infermiere e una scia di scorpioni.
Vanno e vengono.
Alle sette di sera? Alle otto
di sera?
A volte qualcuna alza la mano e mi saluta. Poi raggiunge
la sua auto, senza voltarsi, e scompare
protetta dal crepuscolo, come io dai miei occhiali neri.
Tra i nostri reciproci imbarazzi c’è il vaso di Poe.
Il portafiori senza fondo che contiene tutti i crepuscoli,
tutti gli occhiali neri, tutti
gli ospedali.

*

LA GRIEGA

Vimos a una mujer morena construir el acantilado.
No más de un segundo, como alanceada por el sol. Como
los párpados heridos del dios, el niño premeditado
de nuestra playa infinita. La griega, la griega,
repetían las putas del Mediterráneo, la brisa
Magistral: la que se autodirige, como una falange
de estatuas de mármol, veteadas de sangre y voluntad,
como un plan diabólico y risueño sostenido por el cielo
y por tus ojos. Renegada de las ciudades y de la República.
Cuando crea que todo está perdido a tus ojos me fiaré.
Cuando la derrota compasiva nos convenza de lo inútil
que es seguir luchando, a tus ojos me fiaré.

LA GRECA

Vedemmo una donna bruna costruire la scogliera.
Non più di un secondo, come trafitta dal sole. Come
le palpebre ferite del dio, il bambino premeditato
della nostra spiaggia infinita. La greca, la greca,
ripetevano le puttane del Mediterraneo, la brezza
Magistrale: quella che si muove da sola come una falange
di statue di marmo venate di sangue e volontà,
come un piano diabolico e sorridente sorretto dal cielo
e dai tuoi occhi. Rinnegata dalle città e dalla Repubblica.
Quando penserò che tutto è perduto, ai tuoi occhi mi affiderò.
Quando la sconfitta compassionevole ci persuaderà dell’inutilità
di continuare a combattere, ai tuoi occhi mi affiderò.

***

2 pensieri riguardo “I cani romantici (IV)”

Rispondi

Inserisci i tuoi dati qui sotto o clicca su un'icona per effettuare l'accesso:

Logo di WordPress.com

Stai commentando usando il tuo account WordPress.com. Chiudi sessione /  Modifica )

Google photo

Stai commentando usando il tuo account Google. Chiudi sessione /  Modifica )

Foto Twitter

Stai commentando usando il tuo account Twitter. Chiudi sessione /  Modifica )

Foto di Facebook

Stai commentando usando il tuo account Facebook. Chiudi sessione /  Modifica )

Connessione a %s...

Questo sito utilizza Akismet per ridurre lo spam. Scopri come vengono elaborati i dati derivati dai commenti.