I cani romantici (V)

Roberto Bolano

Roberto Bolaño

EL SEÑOR WILTSHIRE

Todo ha terminado, dice la voz del sueño, y ahora eres el reflejo
de aquel señor Wiltshire, comerciante de copra en los mares
del sur,]
el blanco que desposó a Uma, que tuvo muchos hijos,
el que mató a Case y el que jamás volvió a Inglaterra,
eres como el cojo a quien el amor convirtió en héroe:
nunca regresarás a tu tierra (¿pero cuál es tu tierra?),
nunca serás un hombre sabio, vaya, ni siquiera un hombre
razonablemente inteligente, pero el amor y tu sangre
te hicieron dar un paso, incierto pero necesario, en medio
de la noche, y el amor que guió ese paso te salva.

IL SIGNOR WILTSHIRE

E’ tutto finito, dice la voce nel sogno, e ora non sei che il riflesso
di quel signor Wiltshire, commerciante di copra nei mari del sud,
il bianco che sposò Uma, che ebbe molti figli,
quello che ammazzò Case e mai fece rientro in Inghilterra,
sei come lo zoppo che l’amore trasformò in eroe:
non ritornerai mai nella tua terra (ma qual è la tua terra?),
non sarai mai un uomo saggio, va da sé, neanche un uomo
ragionevolmente intelligente, ma l’amore ed il tuo sangue
ti fecero fare un passo, incerto ma necessario, nell’oscurità
della notte, e l’amore che guidò quel passo ti salva

*

JUNTO AL ACANTILADO

En hoteles que parecían organismos vivos.
En hoteles como el interior de un perro de laboratorio.
Hundidos en la ceniza.
El tipo aquel, semidesnudo, ponía la misma canción una y otra vez.
Y una mujer, la proyección holográfica de una mujer, salía
a la terraza]
a contemplar las pesadillas o las astillas.
Nadie entendía nada.
Todo fallaba: el sonido, la percepción de la imagen.
Pesadillas o astillas empotradas en el cielo
a las nueve de la noche.
En hoteles que parecían organismos vivos de películas de terror.
Como cuando uno sueña que mata a una persona
que no acaba nunca de morir.
O como aquel otro sueño: el del tipo que evita un atraco
o una violación y golpea al atracador
hasta arrojado al suelo y allí lo sigue golpeando
y una voz (¿pero qué voz?) le pregunta al atracador
cómo se llama
y el atracador dice tu nombre
y tú dejas de golpear y dices no puede ser, ese es mi nombre,
y la voz (las voces) dicen que es una casualidad,
pero tú en el fondo nunca has creído en las casualidades.
Y dices: debemos de ser parientes, tú eres el hijo
de alguno de mis tíos o de mis primos.
Pero cuando lo levantas y lo miras, tan flaco, tan frágil,
comprendes que también esa historia es mentira.
Tú eres el atracador, el violador, el rufián inepto
que rueda por las calles inútiles del sueño.
Y entonces vuelves a los hoteles-coleópteros, a los hoteles-araña,
a leer poesía junto al acantilado.

VICINO ALLA SCOGLIERA

In alberghi che somigliavano a organismi viventi.
In alberghi come l’interno di un cane da laboratorio.
Affondati nella cenere.
Il tipo che, seminudo, suonava in continuazione la stessa canzone.
E una donna, la proiezione olografica di una donna, usciva
sulla terrazza]
a contemplare gli incubi o i frammenti.
Nessuno capiva niente.
Ogni cosa perdeva senso: il suono, la percezione dell’immagine.
Incubi o frammenti incastonati nel cielo
alle nove di sera.
In alberghi che somigliavano a organismi viventi da film del terrore.
Come quando uno sogna di ammazzare una persona
che non finisce mai di morire.
O come quell’altro sogno: di uno che sventa una rapina
o una infrazione e colpisce il rapinatore
fino a scaraventarlo al suolo e lì continua a colpirlo
e una voce (ma quale voce?) domanda al rapinatore
come si chiama
ed il rapinatore dice il tuo nome
e tu smetti di colpirlo e dici non può essere, quello è il mio nome,
e la voce (le voci) dicono che è una casualità,
ma tu in fondo non hai mai creduto alle casualità.
E dici: dobbiamo essere parenti, tu sei il figlio
di qualcuno dei miei zii o dei miei cugini.
Ma quando lo sollevi e lo guardi, così debole, così inerme,
capisci che anche quella storia è una bugia.
Sei tu il rapinatore, il violentatore, il ruffiano inetto
che si aggira per le strade impraticabili del sogno.
E allora ritorni agli alberghi-coleotteri, agli alberghi-ragno,
a leggere poesia vicino alla scogliera.

*

NI CRUDO NI COCIDO

Como quien hurga en un brasero apagado.
Como quien remueve los carbones y recuerda.
La Tempestad de Shakespeare, pero una lluvia sin fin.
Como quien observa un brasero que exhala gases tóxicos
en una gran habitación vacía.
Aunque tal vez la grandeza de la habitación
resida en la edad del observador.
En todo caso: vacía, oscura, el suelo desigual,
con cortinas donde no deberían,
y muy pocos muebles.
Como quien mueve las brasas
y aspira a todo pulmón
el aire criminal de la infancia.
Como quien se acuclilla y piensa.
Como quien remueve el carbón
bajo La Tempestad de Shakespeare que golpea las calaminas.
Como el carbón que exhala gases.
Como las brasas deshojadas como una cebolla
bajo la batuta del detective latinoamericano.
Aunque tal vez todos estemos locos
y nunca haya habido un crimen.
Como quien camina de la mano
de un maníaco depresivo.
Escuchando a la lluvia batir
los bosques, los caminos.
Como quien respira junto al brasero
y su mente remueve las brasas
una a una.
Como quien se vuelve a mirar a alguien
por última vez
y no lo ve.
Como las brasas que arden
mientras Ariel y Calibán
sostienen la soledad del muro del oeste.
Acuclillados uno frente al otro.
Como quien busca su rostro
en el corazón de la cebolla.
Hurgando, hurgando
pese al frío y los gases:
un abrigo de fantasía.
Como quien remueve el brasero apagado
con la batuta de un detective
inexistente.
Y La Tempestad de Shakespeare
no aminora en esta isla maldita.
Ah, como quien remueve las brasas
y aspira a todo pulmón.

NÉ CRUDO NÉ COTTO

Come chi fruga in un braciere spento.
Come chi smuove i carboni e ricorda.
La Tempesta di Shakespeare, però una pioggia senza fine.
Come chi osserva un braciere che esala gas tossici
in una grande stanza vuota.
Anche se, forse, la grandezza della stanza
sta tutta nell’età dell’osservatore.
In ogni caso: vuota, oscura, il pavimento disuguale,
con tendine poste dove non dovrebbero stare,
e pochissimi mobili.
Come chi agita le braci
e aspira a pieni polmoni l’aria criminale dell’infanzia.
Come chi si rannicchia e pensa.
Come chi smuove il carbone
sotto La Tempesta di Shakespeare che sferza le calamine.
Come il carbone che esala gas.
Come le braci sfogliate come una cipolla
dal bastone del detective latinoamericano.
Anche se probabilmente siamo tutti pazzi
e non c’è mai stato nessun delitto.
Come chi cammina mano nella mano
con un maniaco depressivo.
Ascoltando la pioggia che sferza
i boschi, i sentieri.
Come chi respira vicino al braciere
e la sua mente smuove le braci
una ad una.
Come chi si volta a guardare qualcuno
per l’ultima volta
e non lo vede.
Come le braci che ardono
mentre Ariele e Calibano
reggono la solitudine del muro d’occidente.
Accovacciati uno di fronte all’altro.
Come chi cerca il suo viso
nel cuore della cipolla.
Frugando, frugando
nonostante il freddo e i gas:
con un cappotto di fantasia.
Come chi smuove il braciere spento
con il bastone di un detective
inesistente.
E La Tempesta di Shakespeare
non si placa in quest’isola maledetta.
Ah, come chi smuove le braci
e aspira a pieni polmoni.

*

EL BURRO

A veces sueño que Mario Santiago
viene a buscarme con su moto negra.
Y dejamos atrás la ciudad y a medida
que las luces van desapareciendo
Mario Santiago me dice que se trata
de una moto robada, la última moto
robada para viajar por las pobres tierras
del norte, en dirección a Texas,
persiguiendo un sueño innombrable,
inclasificable, el sueño de nuestra juventud,
es decir el sueño más valiente de todos
nuestros sueños. Y de tal manera
cómo negarme a montar la veloz moto negra
del norte y salir rajados por aquellos caminos
que antaño recorrieran los santos de México,
los poetas mendicantes de México,
las sanguijuelas taciturnas de Tepito
o la colonia Guerrero, todos en la misma senda,
donde se confunden y mezclan los tiempos:
verbales y físicos, el ayer y la afasia.

Y a veces sueño que Mario Santiago
viene a buscarme, o es un poeta sin rostro,
una cabeza sin ojos, ni boca, ni nariz,
sólo piel y voluntad, y yo sin preguntar nada
me subo a la moto y partimos
por los caminos del norte, la cabeza y yo,
extraños tripulantes embarcados en una ruta
miserable, caminos borrados por el polvo y la lluvia,
tierra de moscas y lagartijas, matorrales resecos
y ventiscas de arena, el único teatro concebible
para nuestra poesía.

Y a veces sueño que el camino
que nuestra moto o nuestro anhelo recorre
no empieza en mi sueño sino en el sueño
de otros: los inocentes, los bienaventurados,
los mansos, los que para nuestra desgracia
ya no están aquí. Y así Mario Santiago y yo
salimos de la ciudad de México que es la prolongación
de tantos sueños, la materialización de tantas
pesadillas, y remontamos los estados
siempre hacia el norte, siempre por el camino
de los coyotes, y nuestra moto entonces
es del color de la noche. Nuestra moto
es un burro negro que viaja sin prisa
por las tierras de la Curiosidad. Un burro negro
que se desplaza por la humanidad y la geometría
de estos pobres paisajes desolados.
Y la risa de Mario o de la cabeza
saluda a los fantasmas de nuestra juventud,
el sueño innombrable e inútil
de la valentía.

Y a veces creo ver una moto negra
como un burro alejándose por los caminos
de tierra de Zacatecas y Coahuila, en los límites
del sueño, y sin alcanzar a comprender
su sentido, su significado último,
comprendo no obstante su música:
una alegre canción de despedida.

Y acaso son los gestos de valor los que
nos dicen adiós, sin resentimiento ni amargura,
en paz con su gratuidad absoluta y con nosotros mismos.
Son los pequeños desafíos inútiles – o que
los años y la costumbre consintieron
que creyéramos inútiles-los que nos saludan,
los que nos hacen señales enigmáticas con las manos,
en medio de la noche, a un lado de la carretera,
como nuestros hijos queridos y abandonados,
criados solos en estos desiertos calcáreos,
como el resplandor que un día nos atravesó
y que habíamos olvidado.

Y a veces sueño que Mario llega
con su moto negra en medio de la pesadilla
y partimos rumbo al norte,
rumbo a los pueblos fantasmas donde moran
las lagartijas y las moscas.
y mientras el sueño me transporta
de un continente a otro
a través de una ducha de estrellas frías e indoloras,
veo la moto negra, como un burro de otra planeta,
partir en dos las tierras de Coahuila.
un burro de otro planeta
que es el anhelo desbocado de nuestra ignorancia,
pero que también es nuestra esperanza
y nuestro valor.

Un valor innombrable e inútil, bien cierto,
pero reencontrado en los márgenes
del sueño más remoto,
en las particiones del sueño final,
en la senda confusa y magnética
de los burros y de los poetas.

L’ASINO

A volte sogno che Mario Santiago
viene a prendermi con la sua motocicletta nera.
Ci lasciamo alle spalle la città e man mano
che le luci vanno sparendo
Mario Santiago mi dice che si tratta
di una moto rubata, l’ultima moto
rubata per viaggiare attraverso le povere terre
del nord, in direzione del Texas,
inseguendo un sogno innominabile,
inclassificabile, il sogno della nostra gioventù,
cioè il sogno più intrepido di tutti
i nostri sogni. E allora non c’è niente
che possa impedirmi di montare sulla veloce moto nera
del nord e uscire sparati per quelle strade
che anticamente percorrevano i santi del Messico,
i poeti mendicanti del Messico,
le sanguisughe taciturne di Tepito
o la colonia Guerrero, tutti sullo stesso sentiero
dove si confondono e rimescolano i tempi
verbali e fisici, il passato e l’afasia.

A volte sogno che Mario Santiago
viene a prendermi, o è un poeta senza volto,
una testa senza occhi, né bocca, né naso,
solo pelle e volontà, e io senza chiedere niente
salgo sulla moto e partiamo
per le strade del nord, quella testa e io,
strani marinai imbarcati su una rotta
miserabile, sentieri cancellati dalla polvere e dalla pioggia,
terra di mosche e lucertole, cespugli rinsecchiti
e tempeste di sabbia, l’unico teatro possibile
per la nostra poesia.

A volte sogno che la strada
che la nostra moto o il nostro desiderio percorre
non incomincia nel mio sogno ma in quello
di altri: gli innocenti, i felici,
i mansueti, quelli che per nostra disgrazia
non sono più qui. E così Mario Santiago e io
usciamo dalla città messicana che è il prolungamento
di tanti sogni, la materializzazione di tanti
incubi, e risaliamo gli stati
sempre verso nord, sempre sul sentiero
dei coyote, e la nostra moto allora
è un asino nero che viaggia senza fretta
per le terre della Curiosità. Un asino nero
che avanza attraverso l’umanità e la geometria
di questi poveri paesaggi desolati.
E le risate di Mario o della testa
salutano i fantasmi della nostra gioventù,
il sogno innominabile e vano
del coraggio.

A volte credo di vedere una moto nera
come un asino che si allontana per le strade
sterrate di Zacatecas e Coahuila, nei confini del sogno,
e senza riuscire a comprenderne
il senso, il suo significato ultimo,
capisco comunque la sua musica:
un’allegra canzone di addio.

E forse sono i gesti coraggiosi quelli che
ci dicono addio, senza risentimento né amarezza,
in pace con la loro gratuità assoluta e con noi stessi.
Sono le piccole sfide inutili – o che
gli anni e l’abitudine ci indussero
a ritenere inutili – quelle che ci salutano,
quelle che fanno segni enigmatici con le mani,
in piena notte, sul margine della strada,
come nostri figli amati e abbandonati,
cresciuti come soli in questi deserti calcarei,
come lo splendore che un giorno ci attraversò
e che avevamo dimenticato.

A volte sogno che Mario arriva
con la sua motocicletta nera nel mezzo dell’incubo
e partiamo diretti al nord,
verso i paesi fantasma dove abitano
le lucertole e le mosche.
E mentre il sogno mi trasporta
da un continente all’altro
attraverso una doccia di stelle fredde e indolori,
vedo la moto nera, come un asino di un altro pianeta,
dividere in due le terre di Coahuila.
Un asino di un altro pianeta
che è il desiderio slabbrato della nostra ignoranza,
ma che è anche la nostra speranza
e il nostro coraggio.

Un coraggio innominabile e inutile, è vero,
ma ritrovato sui margini
del sogno più remoto,
tra le partizioni del sogno finale,
sul sentiero confuso e magnetico
degli asini e dei poeti.

*

Jus lo front port vostra bella semblança

JORDI DE SANT JORDI

Intentaré olvidar   Un cuerpo que apareció durante la nevada
Cuando todos estábamos solos   En el parque, en el montículo detrás]
de las canchas de básket   Dije detente y se volvió:
un rostro blanco encendido por un noble corazón   Nunca
había visto tanta belleza   La luna se distanciaba de la tierra
De lejos llegaba el ruido de los coches en la autovía: gente
que regresaba a casa   Todos vivíamos en un anuncio
de televisión hasta que ella apartó las sucesivas
cortinas de nieve y me dejó ver su rostro: el dolor
y la belleza del mundo en su mirada   Vi huellas
diminutas sobre la nieve   Sentí el viento helado en la cara
En el otro extremo del parque alguien hacía señales
con una linterna   Cada copo de nieve estaba vivo
Cada huevo de insecto estaba vivo y soñaba   Pensé: ahora
me vaya quedar solo para siempre   Pero la nieve caía
y caía y ella no se alejaba

Negli occhi porto la vostra bella sembianza

JORDI DE SANT JORDI

Cercherò di dimenticare   Un corpo che apparve durante
la nevicata]
Quando tutti eravamo soli   Nel parco, sulla collinetta dietro
i recinti del basket   Dissi fèrmati e si voltò:
un viso bianco acceso per un nobile cuore   Mai
avevo visto tanta bellezza   La luna si allontanava dalla terra
Si udiva distante il rumore delle vetture sulle autostrade: gente
che ritornava a casa   Tutti vivevamo in uno spot
televisivo fino a che lei non scostò le successive
tendine di neve e mi lasciò vedere il suo viso: il dolore
e la bellezza del mondo nel suo sguardo   Vidi impronte
minute sulla neve   Sentii il vento gelato sulla faccia
All’altra estremità del parco qualcuno faceva segnali
con una lanterna   Ogni fiocco di neve era vivo
Ogni uovo di insetto era vivo e sognava   Pensai: ora
rimarrò solo per sempre   Ma la neve cadeva
e cadeva e lei non si allontanava

***

2 pensieri riguardo “I cani romantici (V)”

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